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Punciones accidentales en toma de muestras y laboratorios: innovaciones que protegen a pacientes y profesionales en Chile

Detrás del “pinchazo cotidiano” con el que te sacan una muestra de sangre o la comunidad biomédica realiza su labor, se extiende un campo de batalla donde la bioseguridad apenas descansa. Un simple accidente con una jeringa o aguja provoca millones de lesiones al año, una cifra que se esconde bajo un iceberg al que la innovación científica trata de poner atajo.

Ir a hacerse un examen de sangre es casi un trámite de rutina para cualquier persona: llegar temprano en ayunas, sacar número, poner el brazo (tomar aire) y esperar el “pinchazo”. Luego, mientras esperas los resultados se inicia una cadena de precisión tecnológica en la que Chile es uno de los más avanzados jugadores. también es un campo minado cuando consideramos los riesgos en bioseguridad que yacen detrás de cualquier accidente relacionado con jeringas, agujas y deshechos biológicos.

De acuerdo con las estadísticas globales del sector y publicaciones recientes de la multinacional de la tecnología médica y laboratorios Becton Dickinson, el instante de la toma de muestras es uno de los espacios de procedimiento sanitario donde ocurren más accidentes laborales. A nivel mundial se calculan cerca de dos millones de punciones accidentales con agujas contaminadas al año. De ellas, el 62% de las lesiones cortopunzantes en hospitales ocurren precisamente durante la extracción de sangre. Un descuido de un segundo puede exponer a enfermeros y paramédicos a patógenos bravos como el VIH o las hepatitis B y C.

En el conversatorio Hablemos de Bioseguridad en Salud”, realizado en Chile por BD, diversos especialistas de esta industria abordaron este aspecto del riesgo en la red de salud privada y pública local que, por un asunto cultural incluso, puede ser incluso más complejo ya que existe una cifra desconocida de personas y profesionales que no reportan este tipo de accidentes laborales. Este subreporte de accidentes sigue siendo un problema crítico y silencioso en recintos asistenciales que es impulsado por el temor y la sobrecarga laboral. Muchos profesionales prefieren callar tras un pinchazo accidental por miedo al estigma o a ser cuestionados en su competencia técnica, además del temor institucional a que estos eventos afecten los indicadores y la acreditación de calidad de los centros de salud.

A este factor punitivo se suma el desgaste burocrático que significan algunos protocolos de notificaciónque implican extensas esperas para realizarse exámenes de urgencia, la toma de tratamientos profilácticos preventivos o la trazabilidad del contaminante. Frente a turnos exigentes y una alta demanda de atención, el personal médico y de enfermería a menudo opta por minimizar el incidente y seguir trabajando, priorizando el flujo asistencial por sobre su propia seguridad física y mental.

«En la toma de muestras de sangre convivimos diariamente con un riesgo que muchas veces permanece invisible. Sin embargo, hoy existen prácticas y tecnologías que permiten disminuir significativamente esa exposición, mejorando la seguridad tanto del personal sanitario como de los pacientes», explica José Antonio Duarte, especialista de Medical Affairs en Becton Dickinson.

Además de generar licencias médicas, tratamientos profilácticos de shock y un gran estrés psicológico para el trabajador, ese simple pinchazo accidental es también un gasto enorme para el sistema de salud. En Chile, si bien la Ley N.º 16.744 de Accidentes del Trabajo protege a las y los trabajadores, el gran desafío es evitar que el accidente llegue a ocurrir.

Parte del conversatorio, el reconocido comunicador científico Gabriel León, enfatizó que es momento de cambiar este paradigma del “incentivo al no reportar” como parte del protocolo.

«La bioseguridad no debe entenderse únicamente como una medida para evitar accidentes. Es un componente esencial de la seguridad del paciente y de la calidad de la atención. Cada decisión que se toma durante un procedimiento clínico —desde los protocolos hasta la tecnología utilizada— puede contribuir a reducir riesgos, mejorar la precisión diagnóstica y fortalecer la eficiencia del sistema de salud».

Innovación en bioseguridad

Hoy en día, el mercado del equipamiento e insumos de salud innova en laboratorios de toma de muestras sumando seguridad y resguardo en esta experiencia para profesionales y usuarios. Jeringas con agujas retráctiles, “fundas” y dispositivos de extracción sellados al vacío que permiten descartar el material sin riesgo se integran a las exigentes políticas biosanitarias y certificaciones para su deshecho. Además de evitar el contagio, estos sistemas cerrados protegen la muestra para que no se contamine ni se altere, evitando repetir exámenes y mantener la cadena tecnológica que culmina con la entrega de esos resultados de manera inequívoca.

Tecnología al servicio de la bioseguridad y la innovación en toma de muestras que permite que la única preocupacion después dle “pinchazo” sea ir por el desayuno.

Conoce más sobre la fabricación de este tipo de equipos en este clip de Becton Dickinson:

 

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