El permanente debate sobre el cambio de hora en Chile y sus efectos en el ciclo circadiano suma cada vez más respaldo en la comunidad médica. La ciencia del sueño ha documentado de forma contundente que, al regirse nuestro organismo por los ciclos naturales de luz y oscuridad, un solo fin de semana resulta insuficiente para asimilar esta nueva rutina. El mayor impacto recae en los niños, quienes dependen estrictamente de una buena higiene del sueño y se ven obligados a iniciar sus jornadas escolares en plena oscuridad.
Al malestar físico inmediato del llamado “jet lag” social se suman consecuencias más graves para la salud humana. Diversos estudios relacionan este desfase horario con un incremento en eventos cardiovasculares, trastornos del ánimo y accidentes de tránsito. De acuerdo con una publicación de la revista Psychology Today, un panel de 23 científicos en Estados Unidos concluyó que la evidencia favorece ampliamente el horario estándar permanente, conocido en Chile como el horario de invierno.
Esta postura es respaldada históricamente por organizaciones como la Academia Estadounidense de Medicina del Sueño y la Asociación Médica Estadounidense. Para los especialistas, el horario de verano representa una contradicción biológica debido a que la combinación de luz tardía al atardecer y oscuridad matutina genera una desalineación circadiana crónica. Este fenómeno se asocia directamente con el incremento en índices de obesidad, el desarrollo de síndrome metabólico, un mayor riesgo de enfermedades cardíacas y el aumento de cuadros depresivos en la población.
Estados Unidos ya experimentó con el horario de verano permanente durante la crisis del petróleo de 1973-1974, pero la medida fue derogada tras un solo invierno debido al masivo rechazo social que provocó el tener que levantarse a oscuras, un malestar idéntico al que se experimenta en las mañanas invernales en Chile. Esta política nació originalmente en Alemania en 1916 como un mecanismo de ahorro energético durante la Primera Guerra Mundial, extendiéndose luego a Europa y Norteamérica, donde hoy solo estados como Arizona y Hawái mantienen el horario estándar todo el año.
A pesar de que la Cámara de Representantes en EE.UU. aprobó en su momento un proyecto para fijar el horario de verano permanente, la iniciativa no ha prosperado en el Senado al ignorar las advertencias médicas explícitas. En Chile, donde esta discusión reaparece cada año cruzada por argumentos económicos y de seguridad ciudadana, la evidencia científica vuelve a poner sobre la mesa una premisa fundamental: la urgencia de priorizar la salud biológica y el descanso de la población por sobre los simples ajustes del reloj.



