La voz nos permite comunicarnos, refleja nuestras emociones y es nuestra principal herramienta de interacción social. Sin embargo, a menudo ignoramos que la vía aérea superior funciona como un sistema unificado, donde lo que afecta a nuestra garganta y cuerdas vocales durante el día puede estar íntimamente conectado con la forma en que respiramos y descansamos durante la noche.
Sobre profundizar en el cuidado de la voz y derribar mitos comunes sobre la respiración, el Dr. Christian Olavarría, jefe de la Unidad de la Voz del Hospital Clínico Universidad de Chile advierte sobre los peligros de silenciar los síntomas que el cuerpo manifiesta a través de la ronquera diurna y el ronquido nocturno. Cada vez que hablamos, las cuerdas vocales —unos pliegues musculares ubicados en la laringe— se juntan y vibran entre 150 y 200 ciclos por segundo. El doctor Olavarría explica que este es un fenómeno que requiere bastante resistencia física. “Cuando esta capacidad se supera por hablar de forma prolongada o sobre un ruido muy fuerte, surgen las lesiones, manifestándose principalmente a través de la disfonía o alteración de la voz“, dice.
Por un lado, existen los nódulos vocales, que son similares a un callo en las cuerdas vocales e impiden que los pliegues se junten correctamente, dejando escapar el aire y provocando una voz soplada. Su tratamiento suele ser sencillo mediante terapia fonoaudiológica. Por otro lado, los pólipos son lesiones más complejas con tejido fibroso dañado que causan ronquera persistente y dolor, requiriendo habitualmente cirugía y posterior rehabilitación.
El mito del “buen descanso”
Existe un fenómeno muy similar en la medicina del sueño cuando se trata de normalizar síntomas frecuentes. Así como se asume erróneamente que una voz ronca es normal por el cansancio o el tipo de trabajo, en la sociedad está arraigado el mito de que una persona que ronca profundamente al dormir está teniendo un descanso reparador.

El Dr. Olavarría desarma esta creencia de manera categórica al asegurar que “nunca va a ser normal roncar. Lejos de reflejar un sueño profundo, el ronquido es la expresión de una respiración fragmentada, poco eficiente y de menor calidad. Se trata de la manifestación inequívoca de algún grado de obstrucción de la vía aérea superior, lo que exige un estudio clínico para descartar trastornos anatómicos corregibles o patologías complejas como la apnea del sueño”, advierte.
Frecuentemente, el ronquido se cataloga como una molestia puramente social o un ruido incómodo para la pareja, pero el especialista advierte que sus repercusiones van mucho más allá de lo estético: “El paso turbulento del aire por una vía aérea estrecha genera una vibración persistente y violenta que, noche tras noche, va irritando los tejidos de la garganta y la laringe. Como consecuencia directa de este trauma mecánico nocturno, los roncadores crónicos suelen presentar síntomas diurnos en su salud vocal. Es común que manifiesten carraspera constante, necesidad de limpiar la garganta, tos persistente y una molesta sensación de cuerpo extraño, como si hubiera algo atascado. Asimismo, muchos notan que su voz se fatiga con mayor rapidez o se vuelve inestable durante el día”, señala.
En algunos casos, este impacto repetitivo termina desencadenando lo que hoy se conoce como síndrome de laringe irritable. Esto significa que la vía aérea queda en un estado de hipersensibilidad y reacciona de forma exagerada frente a estímulos cotidianos que antes no generaban ninguna molestia.
Indicadores de alerta: ¿Cuándo consultar al especialista?
Los síntomas de las patologías de la vía aérea y de la voz se solapan con facilidad, por lo que es fundamental reconocer las señales que ameritan un seguimiento médico inmediato. En el ámbito del sueño, se debe prestar atención si el ronquido es muy intenso o empeora progresivamente, si existen pausas respiratorias observadas por terceros, o si la persona despierta con dolores de cabeza y experimenta somnolencia excesiva durante el día.
En lo que respecta a la salud vocal, la principal señal de alarma es cualquier cambio en la calidad de la voz o una disfonía que supere las dos o tres semanas de evolución, sin importar si comenzó después de un resfriado, un concierto o una jornada intensa de trabajo. Finalmente, existen síntomas de alerta mayor que exigen una consulta urgente, tales como la tos con sangrado, el dolor cervical persistente y la sensación de obstrucción o dificultad para respirar.
El doctor Olavarría concluye que no se puede discriminar a la ligera si una alteración es buena o mala porque todas nacen de disfonías o ruidos persistentes. Cuidar la salud del sueño y de la voz implica escuchar esos ruidos que consideramos cotidianos y entender que el silencio y el flujo de aire limpio, tanto de día como de noche, son la verdadera norma de la salud.



