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La trampa del “hustle”: por qué te exigen ser creativo mientras te roban el sueño

Por Juan Carrillo
Médico, con Estudios en Neurobiología y Ciencias de la Conducta, Magister (c) en Salud Pública, Máster en Medicina y Fisiología del Sueño.

Abre Instagram o TikTok y no tardarás ni tres minutos en encontrarte con el mismo mensaje: “Trabaja mientras ellos duermen”, “Sé tu propio jefe”, “Piensa fuera de la caja”. Te venden la idea de que tu éxito en la nueva economía digital depende exclusivamente de tu creatividad y tu capacidad de innovar sin descanso. 

Pero hay un pequeño detalle biológico que los gurús del emprendimiento olvidan mencionar: tu cerebro necesita dormir para hacer todo eso. Y el mismo sistema que te exige ser una máquina de ideas brillantes es el que te mantiene despierto a las 3 a.m. haciendo doom scrolling o terminando un encargo freelance de última hora.

Para entender esta trampa, no necesitamos libros de autoayuda, sino cruzar las ideas de dos pensadores clave: el biólogo chileno Francisco Varela y el filósofo brasileño Roberto Mangabeira Unger.

Varela nos enseñó algo fundamental: tu mente no es un disco duro donde descargas información. Tu capacidad de pensar, aprender y crear sentido depende de un cuerpo biológico interactuando con el mundo. Y para que ese cuerpo funcione, necesita “desconectarse” periódicamente. Durante el sueño, tu cerebro no se apaga; al contrario, hace el mantenimiento pesado. Poda las conexiones inútiles, consolida lo que aprendiste y limpia las toxinas acumuladas durante el día. Sin ese reseteo nocturno, tu cerebro simplemente pierde la capacidad de aprender cosas nuevas.

Por otro lado, Unger nos advierte sobre la gran mentira de la “economía del conocimiento”. Nos dicen que vivimos en la era de la innovación, pero la realidad es que esa economía es un club VIP súper exclusivo. Está reservada para unos pocos en Silicon Valley o en startups de alta tecnología, mientras la inmensa mayoría de los jóvenes queda atrapada en la gig economy: repartiendo comida, conduciendo Ubers o encadenando contratos precarios. Unger dice que el verdadero reto es democratizar esta economía, logrando que todos tengamos la capacidad de imaginar y crear nuevas formas de trabajar.

¿Qué tiene que ver la biología de Varela con la economía de Unger? Todo. Porque la herramienta principal para esa “imaginación” que pide Unger es el sueño. La neurociencia lo tiene clarísimo: es durante la fase REM del sueño cuando tu cerebro agarra las piezas sueltas de tu día y las recombina de formas locas y creativas, sin las reglas estrictas de la vigilia. El sueño es, literalmente, el laboratorio biológico de la imaginación.

Y aquí está la trampa generacional: los jóvenes que están fuera de ese club VIP tecnológico son precisamente los que tienen el sueño más destruido. Si tienes dos trabajos para pagar el alquiler, si tus horarios cambian cada semana, o si la ansiedad por el futuro no te deja apagar la cabeza, tu arquitectura del sueño se hace pedazos. 

Un cerebro privado de sueño se vuelve rígido, ansioso y reactivo. Pierde la plasticidad necesaria para imaginar alternativas. Así, la precariedad te roba el sueño, y la falta de sueño te roba la creatividad que supuestamente necesitas para salir de la precariedad. Es un círculo vicioso perfecto.

La cultura del hustle te hace creer que dormir poco es una medalla de honor, una prueba de tu compromiso. En realidad, es un sabotaje biológico. Te están pidiendo que corras una maratón mientras te quitan el oxígeno. Si queremos construir un futuro donde la innovación no sea el privilegio de unos pocos, tenemos que dejar de ver el sueño como un lujo de fin de semana o un “hack” de productividad personal. Dormir bien no es solo self-care; es resistencia política. 

Garantizar el derecho a la desconexión, a horarios dignos y a un descanso real es el primer paso indispensable. Porque nadie puede imaginar un mundo nuevo si está demasiado cansado para mantener los ojos abiertos.

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