La preocupación por la salud del sueño en Chile vive un interesante auge. Nuevas miradas editoriales, mayor investigación, mejores prestadores y actores de un mercado creciente desde la Pandemia como hito advierten sobre el lugar clave que (al fin) adquiere el buen dormir en nuestra salud. Desde ese entonces, la Encuesta Nacional de Salud (ENS) determinó que el 63,2% de la población adulta en Chile declara tener algún trastorno del sueño y la Sociedad Chilena de Medicina del Sueño (SOCHIMES) advertía que cerca del 8,5% de la misma población presenta riesgo elevado de padecer el Síndrome de Apnea del Sueño (SAHOS). De acuerdo a la consultora McKinsey la falta de sueño de calidad se ha convertido en una pandemia que disparó las ventas globales de equipamiento, farmacología y servicios médicos relacionados con el tema.
La Directora Técnica y co-fundadora de Clínica Somno, Trinidad Pascual, coincide también con este concepto pandémico que engloba la falta crónica del descanso en nuestro país, pero también señala una encrucijada compleja derivada que planteó en una reciente publicación de Linkedin: la problemática de pacientes que compran equipos CPAP sin prescripción médica directamente por internet. Como si se tratase de televisores para ver el mundial o un electrodoméstico de cocina, Pascual señala que suelen llegar a la clínica pacientes que adquieren estos complejos dispositivos médicos antes de cualquier consulta médica. Muchas veces sin necesitarlo, incluso.
“Este es un tema sumamente preocupante para nosotros porque el equipo CPAP es un dispositivo médico que debe ser estrictamente indicado y prescrito bajo un diagnóstico formal. De manera creciente hemos visto que algunas personas compran estos dispositivos de forma ligera a través de internet sin tener una evaluación previa”, sostiene sobre la creencia que un CPAP es la solución universal para cualquier problema respiratorio nocturno. “Una persona que ronca no necesariamente debe usar el CPAP. Si se utiliza sin una prescripción correcta y sin los parámetros adecuados, puede provocar un daño en el paciente en lugar de un beneficio”, agrega la especialista.
Un mercado creciente
El mercado de equipos CPAP, actualmente valorado en cerca de USD 5.140 millones proyecta alcanzar los $USD 9.910 millones en la próxima década. Una torta de la que muchos prestadores desean participar y que vuelve algo laxa la regulación al respecto. Durante la pandemia en Chile incluso se produjo un quiebre de stock y posterior aceleración de este crecimiento de la oferta, potenciado a la vez por la diversificación de marcas producto de masivas alertas de seguridad que afectaron a gigantes de la industria en 2021 y 2024.
Hoy, nuevos actores ofrecen alternativas que hacen que los tratamientos sean más accesibles que hace 20 años. Esa ampliación del campo del tratamiento ha derivado en la desregulación y proliferación de la venta de equipos CPAP a través de internet sin prescripción médica o de proveedores de e-commerce que privilegian más los compromisos comerciales que el tratamiento adecuado del paciente.
En palabras de la kinesióloga no hay que perder de vista que un CPAP no es un mero electrodoméstico. “No es como una aspiradora que uno enciende y ya sabe cómo va a funcionar. Cada paciente tiene una condición médica especial, una anatomía facial única que requiere una mascarilla específica, por ejemplo. Todo eso debe ser estrictamente asesorado por un equipo profesional que entienda del tema. El médico especialista derivará siempre a lugares de confianza donde se le realizarán mediciones antropométricas al paciente para elegir la mascarilla y asegurar que durante el primer mes —que es el más crítico— exista una buena adaptación al equipo”, explica sobre la complejidad del proceso.
Como nadie está acostumbrado a dormir con un dispositivo que inyecta presión por la vía aérea los primeros meses deben ser minuciosamente acompañados para evitar el rechazo del tratamiento que va aparejado a una inversión importante. Es esta interfaz o mascarilla la parte más importante y de la cual depende la mejor adherencia al tratamiento, incluso más relevante que la marca de la máquina en sí, cree la especialista. Los CPAP de hoy en día entregan distintas presiones, tienen tecnologías de confort especialmente dedicadas y están programadas con algoritmos para suavizar el flujo de aire, parámetros que son sencillos de modificar pero que en los lugares de venta informal no suelen ser considerados o no se programan adecuadamente, agrega.
Existen además otros factores que impactan en el uso del CPAP cuando no hay acompañamiento y que exigen una consulta médica. Aspectos ambientales que pueden alterar el uso del equipo, como por ejemplo vivir en una zona altamente contaminada o sufrir de un cuadro de rinitis alérgica o congestión en invierno como base. Problemáticas que deben ser tratadas previamente a la compra de un CPAP y que tienen en conjunto un diagnóstico propio.
Autocuidado a ciegas
Trinidad Pascual explica que suelen llegar pacientes a Clínica Somno que ya habían adelantado la compra del CPAP pensando que su diagnóstico sería una apnea severa del sueño: “Sin embargo, cuando les realizamos la polisomnografía -el examen de referencia para estudiar el sueño- nos damos cuenta de que en realidad lo que tienen es una roncopatía simple o apneas leves a moderadas. Para ese tipo de pacientes no se requiere necesariamente el uso de un CPAP; existen otras alternativas médicas que son mucho menos invasivas, más económicas y que logran una mejor adherencia al tratamiento. Así es como muchas personas terminan gastando de más en un equipo que no corresponde a su condición y, a la larga, no obtienen una solución real ni efectiva porque la alternativa para ellos era otra”.
Consultada sobre si esta situación es un símil de la automedicación, considera puntos en común en el fenómeno pero aclara que son fenómenos distintos en cuanto a su alcance. “En Chile el problema de la automedicación con fármacos para dormir es gigante y sumamente preocupante. Somos un país muy reacio a buscar una primera línea de tratamiento no farmacológica para el insomnio o los trastornos del sueño; la gente prefiere la vía que percibe como “sencilla”: tomarse una pastilla y acabar con el problema rápido. Con el CPAP pasa algo diferente: la gente le tiene un rechazo visual inicial porque a nadie le gusta la idea de usar una mascarilla para dormir. Por lo mismo, el paciente que llega y compra un CPAP por internet no lo hace por comodidad, sino porque está desesperado, asustado por sus ronquidos o porque cree que tiene una apnea que pondrá en riesgo su vida. El trasfondo es el mismo: el intento de saltarse al médico para solucionar un problema complejo de salud. Pero así como una pastilla equivocada daña, un dispositivo de presión de aire mal calibrado y sin diagnóstico certero también puede hacerlo”, plantea.



